Diario del Mentor

Cómo mejorar la comunicación interna en equipos creativos de agencias

2026.09.06
Cómo mejorar la comunicación interna en equipos creativos de agencias

Esa tarde gris de finales de marzo, el sonido de la cafetera de la oficina no paraba. Parecía un zumbido constante que intentaba tapar el silencio tenso que se sentía en el área de diseño. Me acuerdo bien porque fue el día que un diseñador senior, de esos que llevan media vida con nosotros, se sentó frente a mí sin decir nada. Simplemente deslizó su teléfono por la mesa de madera para mostrarme una cadena de mensajes de Slack que parecía un campo de batalla. Eran las seis de la tarde y yo estaba cerrando mi último ticket de la semana, pero por la cara que tenía, supe que el cuaderno verde iba a necesitar un par de páginas nuevas.

En una agencia de 60 personas como la nuestra, donde la distribución de modalidad es un 50/50 exacto entre quienes vienen a la oficina y quienes trabajan desde casa, la comunicación debería ser nuestro fuerte. O eso dice el manual. Pero lo que vi en esa pantalla era el síntoma de algo más profundo: una desconexión total disfrazada de hiperconectividad. El equipo creativo sentía que cada mensaje era una interrupción, no una herramienta. Y mientras el olor a café quemado llegaba desde el final del pasillo, observé a dos compañeros discutir en silencio total a través de sus teclados mecánicos, lanzándose indirectas en un canal público que todos leíamos con una mezcla de morbo y ansiedad.

El ruido que mata la idea

Mi cuaderno verde empezó a llenarse de frases que escuchaba en los pasillos de Cabecera o en los cafés de Sotomayor. "El cliente no entiende lo que hacemos", "el Project Manager no me escucha", "no puedo trabajar si me preguntan cada diez minutos cómo voy". Me di cuenta de que el ruido digital estaba matando la creatividad. En mi rol como People Ops, a veces siento que mi experiencia como especialista en People Operations en agencias me ha servido más para ser traductora que para otra cosa. Pensar "yo solo vine a organizar las vacaciones y ahora tengo los miedos de todo el departamento de arte en mi mano izquierda" se volvió mi monólogo interno favorito.

Lo que nadie te dice es que más canales de comunicación no mejoran la claridad. Al contrario, fragmentan la atención. Los creativos necesitan estados de flujo, esos momentos donde el mundo desaparece y solo quedan el color, la tipografía o el código. Si cada cinco minutos suena una notificación, ese flujo se rompe y reconstruirlo toma tiempo. El problema en nuestra agencia de 60 empleados no era que no habláramos, era que hablábamos demasiado por los medios equivocados. La mitad remota se sentía aislada, recibiendo solo órdenes frías por texto, mientras la mitad presencial se sentía observada, como si cada pausa para mirar por la ventana fuera un pecado capital.

Primer plano de manos escribiendo en un cuaderno verde bajo la luz cálida de una lámpara.

La trampa de las herramientas digitales

Durante una mañana lluviosa de julio, tuvimos una de esas reuniones de estatus que duran dos horas y no resuelven nada. Ahí entendí que estábamos usando el software para evitar las conversaciones difíciles. Es mucho más fácil poner un comentario seco en un ticket de Jira que sentarse a explicar por qué un concepto no está funcionando. He visto cómo se pierden horas de trabajo productivo simplemente porque alguien no quiso hacer una llamada de dos minutos o acercarse al escritorio del otro. No soy psicóloga, ni tengo certificaciones de coach —lo digo siempre porque es la verdad—, pero el sentido común me decía que estábamos perdiendo la humanidad en el proceso.

Incluso con los 16 tipos de personalidad que solemos ver en estas dinámicas de equipo, el patrón era el mismo: el miedo al conflicto. Para intentar remediarlo, empezamos a hablar sobre cómo mejorar la cultura laboral en equipos híbridos desde recursos humanos sin que pareciera una imposición de la gerencia. Porque si algo odia un creativo, es que le digan cómo tiene que sentir su espacio de trabajo. La comunicación interna no es un software que se instala; es un acuerdo de respeto por el tiempo del otro.

Hacia una honestidad radical

Después de unas tres semanas de observar y anotar, decidimos probar algo que llamamos los "minutos de honestidad radical". No eran reuniones de proyecto, eran espacios fuera del flujo de trabajo donde el cuaderno verde me servía de guía para traducir lo que los creativos realmente querían decir tras el lenguaje corporativo. Un martes por la tarde el mes pasado, sentamos a un líder de cuenta y a una directora de arte. El ambiente estaba cargado, pero la regla era simple: prohibido hablar de plazos, solo de procesos. Resultó que el líder de cuenta no quería presionar, solo tenía miedo de quedar mal con el cliente, y la directora de arte no era lenta, solo necesitaba tres horas de silencio total para pensar.

Esa validación de las tensiones humanas es lo que realmente mueve la aguja. No es Jira, no es Slack, no es Notion. Es entender que detrás de cada pantalla hay alguien tratando de hacer algo estéticamente valioso mientras lucha con sus propias inseguridades. Obviamente, yo no soy una profesional de la salud mental, y siempre les digo a los muchachos que si sienten que la ansiedad del trabajo les está ganando la partida, busquen a un terapeuta de verdad. Pero para el día a día de la agencia, a veces basta con que alguien los escuche sin juzgar.

Al cerrar el cuaderno hoy, me doy cuenta de que la comunicación en equipos creativos se arregla cuando dejamos de tratarla como un problema de logística y empezamos a verla como un problema de confianza. El café de la oficina se puede acabar, pero las ganas de que nos entiendan, no. Al final, somos 60 personas tratando de crear algo de la nada, y eso, por definición, es ruidoso, desordenado y maravillosamente humano. Mañana será otro día de tickets y mensajes, pero al menos hoy, alguien se fue a casa sintiendo que su voz no se perdió en el abismo de un canal de chat.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.