Diario del Mentor

Cómo gestionar la rotación de personal en agencias tras varias renuncias

2026.10.09
Equipo de una agencia digital lidiando con la rotación de personal y la retención de talento tras varias renuncias

Contratar rápido después de una renuncia y entender por qué esa persona se fue son dos ejercicios completamente distintos, en recursos humanos, dentro de una agencia digital colombiana, lo más común es hacer solo el primero: publicar la vacante, cerrar el proceso de selección y olvidarse de preguntar qué pasó. Llevo un cuaderno verde donde anoto estas conversaciones desde hace casi un año, y la diferencia entre esas dos reacciones es, para mí, la que separa una cultura organizacional con rotación crónica de una con retención de talento real. Cuando algo empieza a fallar, las renuncias no llegan de una sola vez: llegan en oleadas, y la forma en que respondes a la primera determina casi siempre si habrá una segunda.

La retención de talento no se juega en la vacante, se juega antes

La rotación en agencias de publicidad y marketing suele rondar el 30% anual, una cifra que en un reporte de recursos humanos se ve neutra, pero que en la práctica significa que cada tres años tienes un equipo completamente distinto. El error más común, y uno que yo misma cometí la primera vez que vi salir a varias personas del mismo equipo en pocas semanas, es tratar cada renuncia como un problema aislado de headcount, en lugar de preguntarse qué tienen en común las personas que se fueron en el mismo trimestre. De eso escribí en otra entrada sobre mi experiencia como especialista en People Operations en agencias, donde cuento que buena parte de este trabajo consiste en ser el amortiguador entre el caos de las salidas y la calma que el resto del equipo necesita para seguir funcionando.

Puestos de trabajo vacíos en una agencia digital después de varias renuncias, señal de alta rotación de personal.

Ver vacíos varios puestos del equipo de diseño en la misma semana se siente como quitarle los cimientos a un edificio mientras los inquilinos siguen adentro. Antes de publicar una sola vacante nueva, lo que reviso ahora es si las salidas comparten un patrón: mismo líder, mismo tipo de cliente, mismo momento del proyecto. Si tres personas distintas renuncian por razones que suenan parecidas cuando las escribes una debajo de la otra, no tienes tres problemas de personal, tienes un problema de diseño del trabajo.

Lo que hace que la gente se quede

Los que se quedan después de una ola de salidas no están necesariamente contentos de haberse quedado. Sienten una mezcla rara de lealtad, cansancio y una envidia silenciosa hacia los que ya cruzaron la puerta, y si no les preguntas directamente, esa mezcla sigue fermentando debajo del trabajo diario. Felipe, el diseñador junior que se quedó cuando tres personas de su equipo se fueron casi la misma semana, es un buen ejemplo de por qué la pregunta "¿cómo vas con los proyectos?" no sirve de mucho: cuando le pregunté por qué pensaba que los demás habían decidido irse, cambió de tema dos veces antes de soltar la respuesta real, algo sobre sentir que nadie en la gerencia se había dado cuenta de cuánto trabajo había quedado repartido entre los que se quedaron.

La primera vez que intenté resolver esto no funcionó: le mandé un mensaje largo por Slack con ideas para organizarse mejor, bien intencionado, con buena ortografía incluso, y no sirvió de nada, lo que esa conversación necesitaba era estar sentados frente a frente, no un chat con el ícono de "escribiendo…" parpadeando mientras él decidía si valía la pena contarme la verdad completa. A esto, en mi cuaderno, le digo escucha activa sin libreto, y no tiene nada que ver con esperar a la encuesta de clima anual.

Dinero, horario o modelo: cómo distinguir la causa real

No toda renuncia tiene la misma causa, y confundirlas te hace gastar el presupuesto en el arreglo equivocado. Si la queja es por dinero, un ajuste de sueldo puede resolverla. Si la queja es por horario, ningún aumento la va a arreglar, porque el problema real es que las horas en una agencia son elásticas aunque la norma diga lo contrario, en Colombia la jornada máxima legal se ha venido reduciendo en los últimos años, pero el cerebro de alguien que entrega de madrugada no entiende mucho de reformas. Lo que de verdad se está gastando en muchas de estas agencias no es tiempo, es burnout, y ningún bono de fin de año compra de vuelta la energía creativa de alguien que ya no tiene nada más que dar.

Cuaderno verde con notas sobre jornada laboral y cultura organizacional en una agencia digital colombiana.

Una de las diseñadoras que se quedó me lo dijo con una frase que anoté completa, tal cual: no es que quiera más plata, es que quiero llegar a la casa y no sentir que el cerebro me sigue vibrando. Esa distinción, plata contra energía, es la primera pregunta que hago ahora antes de proponer cualquier estrategia de retención: ¿esta persona se iría si le subo el sueldo, o se iría de todos modos porque el trabajo la está vaciando? Son dos conversaciones distintas y necesitan dos respuestas distintas.

Cuando la rotación es el síntoma de un negocio, no de un equipo

Hay una pregunta incómoda que casi nadie se hace a tiempo: ¿el negocio puede pagar lo que este equipo necesita para estar sano? Si para que la agencia sea rentable la gente tiene que trabajar sistemáticamente por encima de su capacidad, el problema no empieza en recursos humanos, empieza en la estructura financiera, y ninguna conversación de retención va a arreglar un margen que no existe.

Taza de café tinto sobre el escritorio durante una conversación sobre retención de talento en recursos humanos.

Se lo comenté a Lina Espinosa, mi amiga de la universidad, un sábado mientras caminábamos por el Centro Comercial Cacique; ella trabaja en una ONG y me dijo algo que se me quedó pegado, que ser buena gente con tu equipo y ser financieramente sostenible como organización no siempre son la misma conversación, y que confundirlas es tan injusto como pedirle a una ONG que se sostenga con las métricas de una empresa que vende por volumen.

Perder a alguien senior cada pocos meses tiene un costo que casi nunca se calcula completo: la curva de aprendizaje que el cliente tiene que volver a pagar, el tiempo que el equipo dedica a buscar reemplazo, la calidad que baja mientras alguien nuevo se pone al día. Es preferible tener menos clientes pero más rentables, que permitan un equipo estable, que sostener una rotación constante que te obliga a vivir siempre en modo urgencia. Mejorar la cultura organizacional de una agencia, visto así, no es un gesto de buena voluntad: es una decisión financiera con nombre y cifra, aunque nadie la ponga en esos términos en la reunión de socios. Convencer a los socios de esto, de que decirle que no a un cliente puede salir más rentable que decirle que sí, es gestionar hacia arriba, y casi siempre es la conversación más difícil de toda esta lista.

Pasar de apagar incendios a construir procesos en agencias digitales

Lo que cambió en nuestro proceso de contratación después de esa ola de salidas no fue buscar perfiles más resistentes, sino ajustar las expectativas desde la primera entrevista. Dejamos de buscar gente que aguantara cualquier cosa y empezamos a ser honestos sobre el ritmo real del proyecto al que estaría entrando la persona nueva; nadie renuncia por el trabajo duro, renuncia por el trabajo duro que le prometieron que iba a ser fácil. También dejamos de esperar a la encuesta de clima anual para enterarnos de algo importante: una charla de quince minutos sin orden del día, en la cocina o por videollamada, revela más que cualquier formulario con escala del uno al cinco. Dar autonomía real tampoco significa soltar el hilo del todo, significa menos revisiones de control y más confianza en lo que se entrega, aunque sigas disponible si algo se traba. Y cuando un equipo completo empieza a irse, lo primero que reviso ya no es la lista de candidatos para reemplazarlos, sino cuánto le estamos cobrando al cliente, porque casi siempre la cifra no alcanza para sostener a las personas que hacen el trabajo de manera humana. Aprendimos también que los retos del onboarding en agencias digitales para integrar equipos remotos se vuelven mucho más manejables cuando la persona que entra sabe, desde el primer día, que hay procesos claros y que nadie va a fingir que su tiempo no cuenta.

Vista de Bucaramanga al atardecer desde una agencia digital que repensó su cultura organizacional.

Vale la pena decir esto con todas sus letras: no soy psicóloga, no tengo una certificación de coach internacional y nunca hice una formación formal de liderazgo, lo que tengo es un cuaderno verde que ya va por su segunda tapa y la costumbre de anotar lo que la gente me cuenta cuando cree que solo la estoy escuchando por cortesía. Si la situación en tu equipo está afectando seriamente el bienestar de alguien, lo que sigue después de esta nota no es ningún plan mío, es la recomendación de hablar con un profesional de salud mental o un consultor organizacional que pueda mirar el caso completo.

Cerré el cuaderno la noche que hablé con Felipe y me quedé con una idea incómoda: la pregunta subrayada dos veces no era la que yo me había hecho al empezar esta ronda de contrataciones, era la que él nunca se atrevió a hacerle a su líder de proyecto. Esa diferencia, más que cualquier cifra de rotación, es lo que ahora reviso primero cuando alguien me pide un café para hablar de su equipo.

La rotación no se frena con contratos más estrictos ni con discursos sobre pertenencia; se frena con conversaciones honestas antes de que llegue el preaviso, y con la disposición de admitir que a veces el problema no es la persona que se fue, sino el modelo que la empujó hacia la puerta.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.