Diario del Mentor

Cómo manejar los chismes en el trabajo para mejorar el clima laboral

2026.10.01
Cómo manejar los chismes en el trabajo para mejorar el clima laboral: oficina de agencia digital donde circulan los rumores de pasillo

Freno el cursor a mitad de una frase cuando escucho mi nombre dos escritorios más allá, mezclado con el de una de las directoras de cuenta, y sé, antes de levantar la cabeza, que no es un elogio. Llevo suficiente tiempo en People Operations en esta agencia de sesenta personas para reconocer el tono: bajito, apretado, de alguien que repite algo que le contaron en confianza. Es la tercera vez esta semana que el mismo rumor — una lista de despidos que nadie en Recursos Humanos ha redactado — pasa por el pasillo de diseño, y cada vez me preguntan, directa o indirectamente, si el chisme es verdad. El clima laboral de una oficina se mide menos en las encuestas que en el pasillo de la cafetera.

No es la primera vez que alguien me hace estas preguntas, y ya dejé de contarlas como anécdotas sueltas. Las anoto en el cuaderno verde porque confirman algo que todavía me cuesta nombrar sin sentirme un poco impostora: para varios de mis compañeros esto se convirtió en una especie de mentoring accidental que nadie puso en mi descripción de cargo, y buena parte de mi gestión de conflictos de oficina pasa, literalmente, por una taza de café. Esto es lo que normalmente me preguntan sobre los chismes en el trabajo — y lo que respondo, sin pretender que tengo un manual bajo el brazo.

Todos saben algo antes que yo — y eso no es casualidad

La primera pregunta casi siempre es la misma, aunque cada quien la hace con otras palabras: ¿por qué el rumor corre más rápido que cualquier comunicado? Mi respuesta corta es que el silencio administrativo no se queda vacío — alguien lo llena, casi siempre con miedo. Si la gerencia no explica por qué contrató dos personas nuevas en un trimestre flojo, alguien va a inventar que es para reemplazar a alguien más caro. El chisme, en ese sentido, no es un defecto de carácter de quien lo repite; es síntoma de que la comunicación formal llegó tarde.

Gestionar el clima laboral no se trata de apagar incendios uno por uno. Cuando tres personas distintas preguntan lo mismo en la misma semana, no tengo tres problemas de comunicación asertiva separados — tengo un vacío de información que alguien con más jerarquía que yo debería estar llenando. Decir eso en voz alta, antes de que el rumor termine de dar la vuelta completa a la oficina, es la mayor parte de mi trabajo real.

Gestión de conflictos en el trabajo: manos escribiendo en el cuaderno verde donde Natalia registra cada conversación difícil

¿Cómo distingo un chisme de una alerta real sobre el clima laboral?

Esta es la pregunta que más me cuesta responder bien, porque la respuesta honesta es: no siempre lo sé de inmediato. Lo que hago es fijarme en el patrón más que en el contenido. Un comentario aislado sobre una directora de cuenta que tuvo un mal día no es lo mismo que el mismo nombre apareciendo, semana tras semana, siempre en el mismo tono. Cuando el blanco del comentario es una persona específica y no una situación, dejo de tratarlo como chisme de pasillo y empiezo a tratarlo como una alerta.

Trato de no preguntar directamente "¿de quién están hablando?" — eso solo entrena a la gente a cerrarse frente a mí. En cambio pregunto qué necesitarían para sentir que la situación está más clara, y dejo que la respuesta me diga si es un tema de información faltante o un tema de alguien que está siendo tratado mal (no siempre es fácil notar la diferencia a la primera). No es una ciencia exacta. Se parece más a aprender a distinguir, por el ruido, si una máquina de la oficina está por dañarse o simplemente está encendida.

Clima laboral y comunicación asertiva: la estación de café de la agencia donde empiezan la mayoría de los chismes

Lo que intenté primero y no funcionó

Durante los primeros cafés que alguien me pidió para hablar de esto, cometí el mismo error cada vez: daba consejo en los primeros cinco minutos, antes de terminar de escuchar. Alguien me contaba una versión parcial de lo que estaba pasando y yo ya tenía una recomendación lista, como si el objetivo fuera resolver rápido en lugar de entender bien. Funcionaba a veces, por pura suerte, pero la mayoría de las veces la persona salía del café con una respuesta a una pregunta que no era exactamente la suya.

Tuve que aprender, a la fuerza, a regular antes de responder — a dejar pasar el impulso de sonar útil de inmediato. Ahora, cuando alguien viene a contarme algo que escuchó en el pasillo, me obligo a dejarlo hablar hasta que se quede sin palabras nuevas, no solo sin aire. Es incómodo. El silencio en esa mesa se siente largo cuando una está acostumbrada a llenarlo con sugerencias.

¿Cuándo el comentario de pasillo cruza una línea?

Aquí trato de ser cuidadosa, porque no soy abogada ni quiero sonar como una (aunque a veces, en el calor del momento, se me olvida). Cuando un comentario deja de ser una opinión sobre una situación y se convierte en un patrón dirigido siempre a la misma persona — mismo nombre, mismo tono despectivo, semana tras semana — ya no es un tema de clima laboral que yo pueda resolver con una conversación de café. En Colombia existen canales formales para eso, comités y rutas que no dependen de mi criterio, y mi trabajo en ese punto es señalar que existen, no actuar como si el cuaderno verde fuera suficiente.

No tengo formación en psicología ni en derecho laboral, y se lo digo a quien me pregunta: si algo te está sobrepasando de verdad, lo que necesitas no es mi opinión, es ayuda profesional. El cuaderno verde registra conversaciones, no sustituye un comité de convivencia ni mucho menos a alguien calificado para evaluar acoso.

Mentoring accidental en el trabajo: cuadernos junto a una ventana con vista a las montañas de Bucaramanga

Qué le respondo a quien viene a confirmarme un rumor

Felipe, uno de los diseñadores del equipo, me preguntó hace poco si era cierto que un cliente grande se estaba yendo — lo había escuchado de alguien que lo escuchó de alguien más. Le dije la verdad: no lo sabía, y aunque lo supiera, no era mi lugar confirmarlo antes que la gerencia. Escuchó toda la respuesta sin decir una palabra, asintiendo apenas, de esa manera suya de procesar las cosas en silencio y volver a sacarlas días después, ya digeridas.

Lo que sí le ofrecí fue otra cosa: preguntarle directamente a su líder de equipo, con una pregunta concreta, en lugar de seguir especulando con sus compañeros. Las preguntas que abren — las que no se pueden responder con sí o no — funcionan mejor ahí que cualquier intento mío de calmar el rumor desde afuera. Y sé que una conversación así salió bien no por lo que se dice en la sala, sino por lo que no aparece después: si Julián no me escribe por Slack apenas termina una reunión tensa, es porque algo quedó resuelto ahí dentro, no pendiente.

Construir comunicación asertiva sin jugar a la policía de oficina

Mi papel no es perseguir el chisme hasta su origen, sino mediar sin tener autoridad formal para hacerlo, lo cual es un ejercicio raro: nadie me nombró jueza de nada y aun así la gente se sienta frente a mí como si lo fuera. Escribí algo parecido en mi experiencia como especialista en People Operations en agencias, y sigo pensando que gran parte del trabajo es estar disponible antes de que el silencio se llene solo.

Los domingos trato de subir a Mesa de los Santos a caminar un rato, lejos de cualquier pantalla, y ahí termino de acomodar las conversaciones de la semana que se quedaron dando vueltas. Lina, mi amiga de la universidad, me manda fotos de las novelas latinoamericanas que está leyendo y ya decidió que yo también voy a leer, sin preguntarme primero, y a veces pienso que manejar el clima laboral se parece un poco a eso: alguien decide por los demás qué historia van a cargar, y mi trabajo es ofrecer una versión distinta antes de que esa sea la única que quede.

No tengo una fórmula que cierre esto de forma limpia. Lo que sí tengo es una pregunta que me funciona mejor que cualquier consejo: antes de repetir algo que escuché, me pregunto si se lo diría igual a la persona de quien estoy hablando. La mayoría de las veces esa respuesta me basta para decidir si el comentario sigue su camino por el pasillo o se queda conmigo.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.